Una noche lluviosa de verano, en
aquella calle solitaria y fría, donde lo único que me acompañaba era mi soledad,
con la mirada vacía y sin llama de esperanza, miraba el suelo esperando alguna
respuesta de éste, inocente en mi autoestima ya quebrada. Esperaba el
último transporte de la noche, tan solo quería estar solo en ese momento. Con
mis manos en los bolsillos, sin importarme lo empapado que me encontraba,
estaba solo, solo en mente y cuerpo, al igual que un perro callejero acabado de
ser echado a patadas a la calle, echado a su suerte, dejándolo al destino que
él no cree merecer, hasta que la vi. Venía corriendo cruzando la calle
intentándose tapar la lluvia con un maletín negro o azul marino, el cual no
podía distinguir a consecuencia de la poca luz que había y que las lámparas
poco brindaban. Una joven chica de cabellos rizados de piel morena, haciendo
ruidos cada vez que saltaba un charco, como si, ésta disfrutase hacerlo.
Parecía una niña muy infantil en contradicción a su altura y como estaba
vestida. Al acercarse como si me dieran una cachetada con todas las fuerzas a
mí y a mí fría soledad, aquella chica levantando su rostro hacia mí, haciendo
que mi realidad estuviera en una cámara lenta y aquellas gotas de lluvia en
sincronía a la par de aquel gran hecho curioso. Ella me miraba con una alegre
y, amistosa e inocente sonrisa, por lo que no evité mirar sus labios carnosos,
aquellos ojos miel, de los que ni los más grandes senos o escotes lograrían
desviar mi mirada, pero, así como apareció aquella sincronía en lentitud de
gotas, como el rostro de ella mirándome en un instante, éste se esfumó
volviendo a mi realidad cruel y de preguntas.
Aquella chica caminando unos pasos
colocándose a unos centímetros a lado mío con aquel maletín arriba de su
cabeza, contemplaba la calle como si hubiera algo de verdad importante en ésta.
En momentos ella sacaba vapor de su boca y retorcía los dedos de los pies a
causa del frío, si, si, la estaba observado. Miraba a la chica que estaba
rascándose la nariz, y rompiéndose el silencio incomodo, dio un fuerte
estornudo escuchándose por toda aquella solitaria calle, haciendo un poco
eco en el lugar.
- Creo que me enfermaré hace frío -. Decía la chica mientras
hacía gestos y algunas muecas en su rostro moviendo la nariz.
Yo estaba totalmente empapado y sin
hacer un gesto de importancia a mi cuerpo, porque desde hacía unos minutos el
frío no me importaba, pero, al escuchar el estornudo de la chica, no evité
voltear la mirada, y lambiendo una vez mis labios, abrí un poco la boca,
respiré por ésta y diciéndome a mí mismo, “¡vamos!, ¡vamos!, ¡vamos carajo!”,
entre mi mente dándome ánimos que creía ya no tener, ¿era realmente necesario e
importante esto?, no era tan fácil, como dicen hablarle a una chica
desconocida, aunque lo he hecho antes, pero no todo es como en las películas,
¡mierda no!, ¿qué clase de cobarde soy?, como si no lo supiera, ¿o tal vez si
lo soy?, que ¡no!, mierda. Yo y mi locura, la soledad me hace decir y pensar cosas,
creo que no a todos les sucede, o quizá tal vez solo a mí, que ¡va!, solo
delirios de mis ironías.
Inerte y sin moverme, con un
silencio en continuidad, mientras la lluvia dejaba de caer poco a poco, sentía
como aquella chica quería que le hablara, o era mi tonta imaginación de protagonista
de novela, escuchando el sonido del airé entrando en mis fosas nasales al
respirar. En eso se escucha una frágil, suave y tierna voz hacía mi persona, causando
una pausa momentánea en mi, “hola”, volteé y con una mirada sin note de
interés, miré que no era para mí, aquella chica hablaba por teléfono, “Hola,
si, si, aja, ya voy para allá”, mi esperanza se derrumbo como una implosión de
un edificio. Pero, como un girasol levantándose después de días nublados,
aquella chica me sonrió, me sentí bien, le correspondí a su sonrisa,
sonriéndole de igual manera.
- Como que el camión ya se
tardó demasiado, ¿no crees?
- Sí, y luego ésta lluvia, deberías
llamarle a tus padres que vengan por ti.
- Si verdad, lástima que no vivo ya
con ellos, y como si les importara.
Se miraba que aquella chica,
realmente tenía problemas con sus padres, pero bueno a mi no me importaba el
pasado de ella, quien era yo para juzgar o entrometerme en problemas ajenos.
- Bueno, pues entonces no queda más
que esperar, aunque dudo ya que pasen.
- Sí, ya que - Decía la joven
mirando a la calle.
Mis palabras se fueron como el
polvo en el viento, no sabía que decir, ¡estúpido perdedor!, ahora que ella me
habló y tengo su atención, la tengo que cagar como siempre. De pronto escuché a
aquella chica reír un poco, como para ella misma.
- Pareciera como si estuvieses
hablando y peleándote contigo mismo dentro de tu cabeza, tipo y eres un
violador o asesino, ¿verdad?
- ¿Viola... dor?
- Sí, de seguro tú eres de esos
tipos que acosan a chicas. Tal vez me estás acosando porque te gusto y ahora
estás aquí haciéndote pasar por un chico común y corriente esperando
transporte, pero solo quieres estar conmigo cerca y confesarte, pero no puedes
-. Comentaba, y luego empieza a reír.
Solo me quedé confundido a lo
que dijo, pero la chica comentó en burla y empezó a reír, mientras con mi
cara tonta como siempre, desconcertado porque lo que había dicho, ya que no
podría mostrar otra aún más tonta, ésta se enrojecía por aquello que había
comentado. Ahora pensará que soy un loco violador o algo parecido.
-Bueno, tal vez estoy un poco loco,
pero asesino y violador solo soy los martes -. Comenté en burla.
- Pero hoy es martes.
- Ah bueno, entonces si lo soy -.
Comenté riéndome un poco.
- Qué gracioso, pero bueno, ser
loco no es malo todos tenemos un loco dentro, hay gente que solo lo saca para
divertirse y hacer cosas de locos, por ejempló ser un asesino -. Comenta
burlona.- eso nos hace diferentes y especiales. Aunque claro, depende
para que uses tu locura.
Aquella chica, al comentar eso, me
quedé algo pensativo, al principio indiferente a sus palabras, hasta que
entendí lo que decía, la locura no era mala, según ella, dependiendo para que
sea utilizada y a beneficio de que. Al terminar me sonrió de nuevo, con una
mirada amistosa y tierna, mirándome ella de frente, por fin miré sus ojos, sus
labios, sus mejillas rojizas a causa del frío al igual que su nariz, sus cejas
y su frente, me sentí cómodo, esa mujer algo tenía que me encantaba desde que
la miré llegar cruzando la calle.
-Bueno quisiera usar mi locura de
esa manera como dices, pero, por lo general soy un chico aburrido, pero ahora
intentaré ser el chico más divertido del mundo -. Alcé un poco la voz. – Y
¿cómo te llamas?
- Me llamo Katy – dice moviendo los
labios más de lo normal. - ¿Y tú?
- Yo me llamo Gregorio, mucho
gusto.- estiro la mano para saludarla.
Me sentía bien, era un sentimiento
de satisfacción personal, no de esa clase de satisfacción, si no una como una
explosión de un volcán que estaba dormido, o la salida de un geiser. Patético
¿verdad? Al escuchar su nombre, un nombre no tan común, pero que al
escucharlo me gustaba, estaba, ¿enamorado? ¿a primera vista?, sé que es
patético, pero lo estoy, quería conocerla, saber más de ella, quería tocarle
esas suaves mejillas enrojecidas por el ambiente frío, besar esos labios rosas
en suspiros profundos, ahogándome y perderme en el tiempo de romance, en un
shock pasional mutuo, entonces ¡sí!, estaba enamorado.
- Mucho gusto Gregorio -.
Toma mi mano y corresponde el saludo. – entonces, ¿eres un violador y asesino?
-. Sonríe y ríe un poco. – bueno señor, le informo que sé taekwondo y que
cualquier amenaza hacía mi persona, haré que quede usted sin hijos para siempre
-. Ríe.
- Por eso digo, que no soy un
asesino violador. Bueno y ¿qué haces a estas horas de la noche?
- Estudio teatro, en el centro de
las artes escénicas, y se me hizo tarde luego de unos ensayos que tuve, pero
luego fueron unas bandas de Jazz y se me fue la noche, ¿y tú?
- ¿Estudias teatro?, ¿ y te gusta
el jazz?. – Preguntando algo fuerte.- ¡fascinante!, ¿qué bandas escuchas?
Yo pues, no soy muy interesante digamos, pero me gusta leer y escribo. ¿Y de
que trata tu obra que ensayas?
- Me encanta el jazz. Patricia
Barber, la amo. Entonces sí que te gusta la buena música, es mi cantante de
jazz favorita, tengo varios discos de ella que no cambiaría por nada de
nada. Y si, estudio teatro, me gusta mucho desde pequeña actuar, uno debe a
veces guardar los sentimientos y ser otras personas, para obtener algo. Ahora
soy bailarina y actriz, me gusta mucho brincar y moverme, creo que nací para
ello. Mi obra trata sobre una mujer que vive con su hijo y tiene dos
perritos, ella es muy joven aún y la historia trata sobré… - . katy empieza
hablar con fluidez.
Pasaron los minutos, Katy y yo
platicábamos y reíamos juntos, era una chica interesante, que a mi pensar, era
como sí deseará explorar el bosque para encontrar un gran valle hermoso. Su
sonrisa, su voz, cada momento me enamoraba más, claramente era una chica que le
gustaba hablar a diferencia de mí, con mí seriedad agria y gris, sí, soy un
aguafiestas a veces. Katy hablaba y hablaba, que del tal Alex que se cayó y se
dio en la madre, de una tal Lorena, que se desnudó en un ensayo, ya que la
chica era bien liberal, hasta de su mejor amigo Benjamín, que se le declaró a
su amiga, sí, la que se desnudó. Clásico en las mujeres, hablar y hablar, era
su característica, a ellas les gusta ser escuchadas y entenderlas, tengan o no
tengan razón, y si no son escuchadas se enojan, y luego nosotros como hombres
tratamos de arreglarlo, pero si nosotros nos enojamos, ellas se enojan, eso era
algo curioso. ¡Je!, hablando como si fuese un experto en mujeres, cuando solo
he tenido dos novias en toda mi vida, mientras que la segunda solo fue de
momentos carnales, ni siquiera sé, si era mi novia en su momento; ese whisky,
sí que me puso mal ese día, sólo podía saciar mi soledad con alcohol,
pero ni siquiera lo disfruté, sin saber, sin olor, sin nada bueno, es estúpido
querer hacer cosas bebiendo hasta embriagarse. Bueno ya me salí del tema, pero,
seguiré pensando en ella, ¡no! el pasado hay que dejarlo atrás.
Así como las palabras fluyeron como
un río en tiempos de lluvia, estas se fueron, sin saber que decir, era como si
alguien pusiera mute, con algún control mágico a propósito, solo veía el mover
de sus labios y de su rostro que ella poseía al reírse o moverse mucho.
Era una chica hiperactiva era evidente.
La lluvia había terminado, ni
siquiera me había dado cuenta, no sabía tampoco el tiempo, solo sabía que
estaba con ella. Si tan solo supiera cuanto me gusta, cuanto la deseo, tengo
ganas de gritarle y decirle que, ¡me gusta!
Entre sus ropas saca una cajetilla
de cigarrillos, interrumpiéndose ella misma lo que decía.
- Hace ya mucho frío, ¿no crees? -.
Se lleva un cigarrillo a la boca.
Me quedé impresionado como es que
una mujer tan bella, un rostro angelical y tierno, pueda hacerle tal cosa a su
cuerpo, una desgracia ha caído sobre ella, una desgracia voluntaria estilo
harakiri, bueno, todos tenemos algún desperfecto.
- Toma mi chamarra es mejor que un
cigarro -.Tomo de la manga de la chamarra y la estiro, ofreciéndola a la chica.
- ¿fumas?
- Gracias, pues si fumo, aunque no
mucho, solo en casos especiales por ejemplo ahorita el frío, ¿y tú?
- Lo dejé hace mucho, no soy un
chico de muchos vicios.
Al terminar mis palabras, la joven
hizo una cara de burla y no evito reírse, no entendía el porqué, tal vez para
ella se le hacía un “chico aburrido”.
- Eres un niño bueno entonces,
¿tampoco tomas?
- Pue… pues -. Doy unos
ligeros tartamudeos.- Pues sí, pero poco, como te dije soy un chico de pocos
vicios, tu sabes.
- ¿Qué sé? -. Suelta humo de la
boca.
- Bueno, pienso que es malo beber
demasiado y fumar nadie lo debería hacer -. Decía con una mano detrás de la
nuca.
Mostro ella una pequeña sonrisa,
mirando hacia otro lado como burlándose de mí, o tal vez piense que soy
alguna clase de ñoño patético que vive con su madre, bueno eso es verdad.
Tonto, tonto, ¡tonto!, siempre la tengo que cagar, en cada hora, en cada
minuto, ¿Por qué siempre me pasa esto? Aquella chica pone el maletín arriba de
la banqueta y se sienta arriba de ella, cruzando la pierna, mientras sigue
fumando aquel asesino silencioso. Ella miraba la calle mojada y solitaria, con
un fresco aroma de calle que solo había a estas horas al anochecer. Yo, sin
decir nada, inmutado, sin palabras, sin saber que decir o hacer, sin hacer un
momento gracioso que obtuviera su atención, pero ella, estaba ahí, sola,
pensativa, con frío y en un estado de conciencia en la que sabe que está en una
calle solitaria, acompañado solo de un idiota, sí, un idiota soy. Un idiota
como yo que diría, ¿qué haría?, soy sólo un chico inmaduro, solo me pasan a mí,
mierda, mierda, ¡mierda! Mientas me doy una palmada en la frente cerrando mis
ojos y pensando, pensando, pensando. Perdido en mis pensamientos, otra vez
escuché aquella voz angelical.
- Creo que ya no pasará ningún
camión, es muy noche, ¿qué hacemos? -. Con el cigarrillo entre los dedos y
cruzada de pierna, volteaba a mí.
Otra vez me calmo, escuchando esa voz
de mujer, saliendo de sus labios, solo pude responder y dejé que mis palabras
salieran solas.
- Lo mismo pensé, no sé, creo que
lo mejor es conseguir algún taxi, ¿o no? -. Decía mientras tenía atrás la mano
en la nuca.
- Sí, yo creo que sí, ¿sabes?, no
tengo saldo en mi celular, ¿tú tienes?
- Déjame revisar
Saco el celular de mi bolsillo,
mientras Katy fumaba aquel cigarro sin dejar de verme, escuchándose el sonido
cuando aplanaba a la par los botones de mi celular, y yo miraba en momentos a
Katy, sabía, que en unos minutos la dejaría de ver, tal vez para siempre, y me
haya quedado a medias como todo lo que hago, me sentía importante, quería hacer
algo, pero no podía, ¡mierda! , lo único que podía hacer era marcar mi tonto
celular y llamar a la estación de taxis.
- Quisiera un taxi, por favor.
Hablaba con la mujer encargada de
la estación de taxis, pidiendo yo la carroza de las doce de la noche para Katy.
La voz de la señora era una voz áspera, clásica de una mujer de tal vez unos
cuarenta o cincuenta años, con algún problema de la vejiga, o de azúcar, o
presión, o hasta menopausia, ¡quién sabe!, no soy adivino para saber y juzgar a
las personas, me detesto.
Al terminar la llamada suspiré y
volteé a Katy que me miraba con cara de espera, pero tranquila.
- ¿Qué te dijeron?, ¿sí
vendrán? - Fuma el cigarrillo y lo termina lanzándolo a un lado la
colilla.
- Emm…
-¿Qué sucede?
- Nada, estará aquí en unos
minutos, no te preocupes.
- ¡Muy bien!
Al decir mis palabras salidas de mi
boca sin quererlo hacer, pensaba lo contrario, no quería que se fuera y sin
decirle nada, al menos intentarle, pero tampoco quería parecer un acosador o
algo parecido y se asuste de mí.
Sé que soy un tonto, y que debo
hablarle, no soy ningún chico tímido con las mujeres, tengo amigas, he tenido
encuentros con mujeres, buenas y malas, pero, ustedes no sienten esa sensación
de querer hacer algo, y sentir que no puedes, lo cual te presiona, a pesar de
que estas cien por cierto seguro de que lo harás, o en este caso hablar, solo
no puedes, esa es la impotencia que a veces antes de dormir te quedas pensando
en lo que pudiste haber dicho, pero no. ¿Tal vez sea el destino?, eso que
influye en ciertas personas que no son necesarias para ti, o si lo son, ¿qué
creen ustedes? que creo yo, no sé, pero me encabrona, me encabrona que sucedan
así las cosas. Pero…
- Oye vamos a una pequeña fiesta
que me invitaron, de aquí nos vamos -. Se levanta y caminando se pone enfrente
de la calle y regresa.- Ya debió haber empezado, pero creo que si llegamos,
¿qué dices?, ¿vienes? -. Sonríe.
Mí loca y perdida mente, luego de
perderse en el solitario desierto, encontró un manantial con palmeras, pero,
¿en realidad era verdad? o solo era un espejismo de mi tonta y manipulable
mente, por lo que me asegure.
- ¿Una fiesta?
- Sí, es una fiesta de una amiga,
dijo que podía invitar a la gente que quisiera, así que no te preocupes, está
por el parque, a una calle de la entrada principal.
No lo podía entender, como es que
Katy me había invitado, no me conocía, era un extraño, no era tan bien
parecido, simplemente no podía creerlo.
- Y bien, ¿qué opinas?, ¿irás? –.
Da unos pasos hacia delante.
Pensativo y casi empezando a
tartamudear -. Es… está bien, iré, espero y la fiesta éste realmente buena o te
morderé -. Comentaba burlón.
- ¡Caníbal!, ves que si eres un
asesino en serie, de esos que comen gente -. Comenta dramáticamente de juego.
Me sentía feliz, sabía que era mi
día a diferencia de hace unos segundos, no solo me gustaba platicar con
ella, me gustaba el ambiente que se estaba formando, y no podía evitar oler el
aroma a humedad, a suelo mojado, ese aíre que salía entre los árboles, ése
aroma que me hacía sentir excitado a la vida, así, sí daba ganas de seguir
adelante y luchar por cosas que creía no poder y nunca tener.
Me reí un poco.- Ya te dije que soy
un asesino solo ciertos días, pero debe estar buena la fiesta ¡eh¡, por cierto
me pasarías tu número de cel.
Si, esa era mi movida…
- ¿Mi número de cel? -. Sorprendida
un poco.- emm… chico, ¿sabes?, apenas te conozco, se ve que eres buena onda, y
te lo podría pasar ¡claro! -. Algo nerviosa.- pero necesito conocerte
más, por el momento puedo darte sólo mi correo electrónico sí gustas.
… mí movida tan estúpida, ¿en que estaba
pensando?
- Perdón, no quería verme tan
acosador, está bien, no te preocupes -. Diciendo con algo de esfuerzo.
No quería verme ni sonar como una
persona que estaba aceptando a las fuerzas un regalo de consolación, sabía, que
la había cagado, ahora ella pensará que la pretendo y no podré hablarle como
antes, incluso, creo que ella también, piensa lo mismo. Me siento atrapado en
una botella como un barco de colección, atrapado, en el tiempo mirándola como
se va junto a ella. Sus labios, sus ojos, ahora me mira diferente, sus brazos,
ahora los tiene pegados al cuerpo, mostrando desconfianza. La cagué y todo iba
bien.
- Gregorio, ¿sucede algo?, sólo
quiero decirte que no te me haces acosador, un poco extraño eres, pero hasta
ahí.
Ella me había interrumpido, me le
quedé viendo unos segundos y me puse a reír, no tenía sentido, ni la idea del
porque me puse a reír, mientras ella me miraba inquieta, lo que estaba
sucediendo, mientras, mi risa se escuchaba por toda la calle. No sabía si me
reía porque me había dicho extraño y porque me veía de otra forma, o, me reía
para evitar algún ambiente extraño.
Katy, al escucharme y verme reír,
ella empezó a reírse también, no tanto como yo, pero en una pequeña risa, como
un susurro, paré de reír para escucharla, era realmente bella riendo, un ángel
caído del cielo.
- Eres un
loco, ¿Por qué te ríes?
- No lo sé, hay veces en los que me
pongo a reír de la nada, o porque me suelo acordar del algo, ¿extraño verdad?
- No, para nada, ¿sabes?, yo a
veces hago lo mismo, me río sin saber porque, somos unas personas extrañas
entonces -. Comenta riéndose.- Oye Gregorio…
Antes de poder decir algo Katy, es
interrumpida por la marcha hacia atrás de un automóvil, de los pocos y contados
que pasaban por la calle. Aquel auto con la marcha hacia atrás, se paro al lado
de nosotros, los dos volteamos, era un carro de color azul oscuro bien
arreglado, y muy bien cuidado, aquella persona abre la puerta y sale, era un
muchacho bien parecido entré unos veinte dos y veinte seis años más o menos.
- ¿Katy?, ¿qué haces aquí?, ¿no se
supone que estás en la fiesta? -. Decía con voz grave, caminando hacia katy.
- ¡Kevin!, que bueno que te veo,
estoy esperando taxi, ya que no alcancé transporte, se me hizo tarde en los
ensayos del teatro.
- ¿Cuáles ensayos?, yo pensaba que
ya estabas graduada, según me dijo Lorena.
Nerviosa.- Emm… estoy yendo a unos
nuevos.
Aquel joven algo corpulento, alto y
bien vestido se acercó a Katy, saludándola y abrazándola, dándole un pequeño
beso de saludo en la mejilla, luego empezaron a platicar, mejor de lo que yo lo
hacía con ella, se sentía en un ambiente seguro, movía sus brazos con libertad
en forma de expresión cada vez que hablaba, y sonreía con brillo, mientras
aquel joven reía al tiempo que ella le hablaba, claramente estaba segura del
tipo extraño que estaba sola con ella. Me sentía un mal tercio, lo mejor era
alejarme y seguir como estaba, pero, ella me volteó a ver y me sonrió, mientras
hablaba y aquel joven llamado Kevin al parecer, también me miraba.
- ¡Mira Kevin!, él es Gregorio, si
no fuera por él estaría sola en ésta calle, y no sabría qué hacer, porque no
tengo ni saldo para mi celular.
Aquel tipo, dio unos pasos hacia
adelante, me sonrió de lado y mirándome mientras estaba con la mano estirada
para saludarme, lo cual correspondí, dándome éste un apretón de manos
duramente, yo era un chico de poca fuerza, no sabía si lo hacía bien y por mi
poca fuerza sentía el saludo fuerte, ó en verdad era otro tipo de persona el
tal Kevin.
- Mucho gusto Gregori, gracias por
cuidar de mi amiga, te estoy muy, ¡muy!, agradecido -. Decía aún con aquella
mirada puesta en mí.
- El gusto es mío y no hay de que,
Kevin, me deja de saludar sin
quitarme la vista, y dándome la espalda, camina hacia Katy
- Ya se hace tarde, ¡vámonos!, te
llevo en el carro, voy para allá.
- Quien como tú Kevin, ¡muchas
gracias!
Kevin camina y se sube a su auto,
mientras ella me voltea a ver.
- Vámonos Gregorio, Kevin nos va a
llevar.
Mis ánimos cayeron, como un
boxeador al haber recibido un knock-out, me sentía incomodo, vulnerable y
confundido. Quería ir con ella, tenía las ganas, pero otra vez ese sentimiento,
que les conté que te empuja hacia atrás, ahora solo lo que quiero es irme
corriendo de ahí. Solo pude decir lo mejor que se me ocurrió.
- Lo siento Katy, recordé que tengo
unas cosas que hacer -. Me llevé la mano a la nuca, sin mirarla, más que un par
de veces.
- ¿En verdad?, bueno, ni modo -,
decía con rostro de decepción.
- Si, perdón Katy, no recordé lo
que tenía que hacer -.
- No te preocupes, bueno, debo
irme -.
Katy camina hacía el maletín, pero
rápidamente lo tomo yo, ofreciendo mi ayuda con éste, metiéndola atrás de los
asientos, mientras ella se sube al carro. Caminé al frente y me puse en la
ventana donde estaba sentada y la saludé con la mano despidiéndome. Al momento
Kevin, enciende el auto y Katy acordándose me devuelve la chamarra.
- Bueno nos vemos Gregorio, muchas
gracias por acompañarme -. Diciendo algo sería, pero, rápidamente su rostro
cambió y se pone a buscar entre sus bolsos y en la guantera del carro.- ¡es
verdad! espera Kevin.
Katy empieza a buscar entre sus
ropas y moviendo todo, a lo que Kevin le pregunta varias veces, “que buscas”,
pero se detiene como si hubiera recordado algo, y estira la mano hacia atrás
tomando el maletín, lo pone entre sus piernas y lo abre, no pude evitar no
mirar adentro y pude ver que no tenía nada el maletín, más que unas hojas en
blanco diciendo “Tu puedes, ¡hazlo ahora mismo!” “yo puedo”, “lo amo”, “espero
y resulte todo bien” y unos pedacitos de papel cortados, eso era algo extraño.
Katy, se volteo a su izquierda haciendo algo, saco una tarjeta enseguida, para
luego doblarlo y antes de dármelo, me miró fijamente.
- ¿En serio no puedes ir?
Mis ojos se iluminaron, queriendo
subirme al carro e irme con ella. De pronto el tal Kevin se hizo para delante y
me miró de forma burlona.
- Si Gregorio, ¿Por qué no vienes?
- Lo siento, no puedo, perdón Katy
- Está bien, toma, es una tarjeta de
mi presentación de teatro, sólo hicimos unas cuantas, están muy bonitas..
Al darme la tarjeta doblada,
pensaba que me lo iba a dar de forma diferente o mala gana o con alguna
decepción pero, al mirarla, me sonrió. No lo pude entender, ¿Por qué? El
carro se puso en marcha y se fue en recto, mientras solo pude escuchar un
pequeño “bye…”, mientras los miraba como se marchaban, yo con el papel en la
mano. Sabía que ella era la indicada, soy un pendejo, me insultaba a mi mismo
apretando aquella tarjeta.
Solitario en aquella calle, volteé
hacia atrás, camine unos pasos y sentándome en la banqueta, me sentía un
perdedor un chico sin futuro y sin esperanzas, claro, tenía el correo de ella,
pero, yo no tenía correo electrónico y yo no creía en un futuro, hacer uno, no
soy un chico que le guste mucho eso, ¡diablos!, todo me sucede a mí, como si la
vida no me quisiera en la realidad, al diablo esta tarjeta. Como si las palabras
fueran un conjuro, de nuevo empieza a llover, llover, ¡llover! de nuevo,
haciéndome sentir peor de lo que estaba, pongo mis manos en la nuca y contraigo
mis piernas, me sentía realmente mal, estaba perdido, a punto de llorar, ¡Que
importa!, nadie me vería, a quien le importo, estúpida lluvia, estúpido mundo,
estúpido destino, estúpido dios, ¡estúpido yo! casi en posición fetal, perdido
en mí, me acorde de algo, tenía la tonta
y simple tarjeta que ella me dio, se estaba mojando con la lluvia, rápidamente
pongo la tarjeta a salvo, pero ya estaba algo mojado, y ahí fue donde miré, por
la lluvia se había traspasado lo que había en la tarjeta, me impresionó y
decidí abrirlo completamente, mirándolo bien, me impacté hasta el punto de
sacar poco las lagrimas, pero empecé a reírme como nunca, parándome instantáneamente
del suelo metiendo la tarjeta en mi bolsillo y voltear al cielo con las manos
estiradas, mientras la lluvia caía en mi rostro.
- Me encanta la lluvia -. Decía
fuerte y feliz.- ¡amo la lluvia!
En eso fui interrumpido asustándome
un poco, por un clac son, volteé y era un taxi, el taxi que había pedido, al
ver el taxi, me reí, no me había acordado, así que una vez volteé al cielo y le
sonreí, camino rumbo al taxi subiéndome a lado del taxista y sin voltear al
frente.
- Ahora entiendo a la vida -. Miré
al taxista.- ¡amo a la vida!
El taxista estaba confundido y
mirándome extraño sin saber lo que sucede
- ¿A dónde lo llevo joven?
Miro al taxista sin dejar de
sonreír, toco a un lado de mi pantalón y miro al frente diciendo
- “Lléveme a mi felicidad”.
Donde esta la opción "cute" ? D:
ResponderEliminar(y)(y)
Jajaja gracias mujer
EliminarMuy bueno! Me gustó mucho el final... :D
ResponderEliminarMuchas gracias!, ¿tu también escribes?
EliminarMediocremente, si... escribo...
EliminarJaja nada es mediocre, mientras uno sepa apreciar su trabajo. Déjame leerlo.
EliminarEstuvo bien padre me gusto mucho Tobi!! buen escritor :) x cierto que le escribio la chava?? o lo dejo en la imaginación?
ResponderEliminar¡Muchas gracias mujer!,y pues jajaja hay cosas que si a la imaginación. Pero si quieres luego te digo que fue.
EliminarGracias por el desvele, me gusto.mucho bastante interesante, me trajo a mi memoria la adolescencia,o si que si, estaré al pendiente de del blog.
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